3 de abril de 2026
El pádel es el deporte de más rápido crecimiento, y esto no solo se refleja en el número de jugadores y torneos, sino también en los debates en torno a sus reglas.
A principios de año, la FIP, la Federación Internacional de Pádel, introdujo cambios en las reglas del saque, y tenían su lógica. Según la normativa anterior, el sacador debía asegurarse de que, en el momento del golpe, la pelota estuviera detrás de la línea de saque y de la línea central. Sin embargo, la evolución técnica llevó a que muchos jugadores comenzaran a sacar con un ligero ángulo, obteniendo dos ventajas. En primer lugar, tras el bote, la pelota quedaba algo más alejada del jugador y resultaba más cómoda de golpear. En segundo lugar, en el momento del impacto con la pala, la pelota ya había cruzado las líneas prohibidas, es decir, estaba ligeramente más cerca del cuadro del rival, lo que también suponía una pequeña ventaja.
Precisamente en esto se centró la federación. Golpear la pelota con ángulo contra el suelo sigue estando permitido, pero ahora, en el momento del impacto con la pala, no debe haber cruzado las líneas de saque ni la línea central.
El saque es el golpe más trabajado en pádel. Los jugadores repiten el mismo movimiento miles de veces, automatizando técnica, precisión y consistencia, aspectos clave al inicio de cada punto. Por ello, algunos tuvieron que modificar un elemento muy arraigado en su juego y, como se ha visto en la práctica, no todos lograron adaptarse. De ahí surgen nuevas dudas.
Analicemos la situación a través del caso de Martín Di Nenno, uno de los jugadores más experimentados y técnicos del circuito.
En los cuartos de final del torneo Premier Padel en Miami, el partido entre las parejas Yanguas/Stupaczuk y Momo/Di Nenno fue extremadamente tenso. Con 6:5 a favor de Momo y Di Nenno, Martín se dispuso a sacar para cerrar el set, pero el juego se alargó. Tras varios “ventajas/iguales”, el marcador volvió a señalar “ventaja” para Martín. Falló el primer saque y, en el segundo, Mike Yanguas levantó los brazos y pidió al árbitro que revisara la acción en vídeo.
La repetición confirmó la infracción según las nuevas reglas, y el partido se fue al tie-break, que, al igual que el segundo set, ganaron Yanguas y Stupaczuk.
Por un lado, las reglas son las reglas. Por otro, Yanguas aprovechó ese pequeño error en su beneficio. Y aquí está el matiz principal. Martín suele ejecutar casi todos sus saques desde el lado izquierdo al límite de lo permitido, y la pelota a menudo cruza la línea. Su primer saque, que se fue fuera, también fue ilegal, pero Yanguas decidió no señalarlo, esperando a la segunda, ya determinante.
Basta con observarlo: a nivel élite, las dobles faltas son extremadamente raras. Los jugadores perfeccionan el segundo saque hasta hacerlo casi infalible. ¿Buscaba Martín obtener una ventaja adicional con esta ejecución? Poco probable. ¿Esperaba Mike el momento oportuno para quedarse con el punto? Muy probablemente sí. Desde el punto de vista reglamentario, Mike tenía razón. Desde la ética y el espíritu deportivo, la cuestión queda abierta.
El problema es que esta situación no es aislada y se agrava porque el árbitro de silla no puede ver técnicamente la proyección exacta de las líneas. Solo puede determinar la infracción mediante revisión de vídeo, si un jugador lo solicita. Pero el vídeo está disponible únicamente en torneos de categoría Premier. En el resto de torneos FIP no existe este sistema, por lo que las infracciones dudosas quedan sin resolver. La regla existe formalmente, pero en la práctica no hay quien garantice su cumplimiento.
Una semana después, Martín y Momo compitieron en el FIP Gold de Kazajistán, donde en primera ronda se enfrentaron a Pavel Karpushkin y su compañero español Miguel González. Durante todo el partido, Martín sacó con su trayectoria habitual, algo que confirma uno de los fotogramas analizados.
¿Fue incapacidad para adaptarse tras el caso mediático de Miami o la comprensión de que en los torneos FIP no hay revisiones de vídeo y, por tanto, puede seguir sacando como siempre sin temor a sanción?
El problema es que no hay una solución evidente. Es poco probable que los organizadores sigan el modelo del tenis e incorporen jueces adicionales dedicados exclusivamente a las líneas de saque. Las revisiones de vídeo también requieren una inversión considerable. Y aun si se implantaran, ¿cómo afectarían al ritmo del partido? ¿No acabarían las constantes revisiones restando dinamismo al juego? ¿Y no han creado las nuevas reglas una situación en la que episodios como el de Mike Yanguas se vuelven inevitables?