27 de abril de 2026
El domingo por la noche se disputaron las finales del torneo Premier Padel P2. Tanto en el cuadro femenino como en el masculino llegaron a ellas los líderes de la temporada por puntos, pero no lograron imponerse.
Si en la final femenina la victoria de Bea González y Paula Josemaría es difícil de considerar una sorpresa (las jugadoras ganan su tercer torneo consecutivo y están decididas a luchar por el liderato de la temporada), la final masculina trajo una sorpresa largamente esperada. La victoria sobre los «Golden Boys», Arturo Coello y Agustín Tapia, fue para la pareja más polémica del circuito: Leo Augsburger y Juan Lebrón.
Tras perder claramente el primer set por 2-6, en el banquillo tomó la palabra Juan: «Podemos ganar, podemos. Si seguimos jugando así, seguro que tendremos nuestras oportunidades». Lo que parecía un simple ánimo en un partido sin esperanza resultó profético: la pareja se llevó los dos sets siguientes con el mismo marcador, 6-3.
En la rueda de prensa, los nuevos campeones irradiaban alegría. Juan empezó en su estilo provocador: «Feliz, estoy muy feliz. ¿Qué más quieren que diga?». Y, al ser preguntado si celebrarían la victoria, respondió: «Hoy, mañana y, si hace falta, el martes». Aquella noche, parecía que su comportamiento y sus polémicas quedaban perdonados: el patito feo se había convertido por fin en un príncipe.
Si Juan aportó confianza en sus propias fuerzas y mostró cualidades de verdadero líder, su compañero Leo hizo el trabajo principal. Tras reaccionar en el segundo set, Augsburger redujo drásticamente el número de errores no forzados y fue cerrando los puntos con remates, el golpe que mejor domina en el mundo. Al final del partido, Leo fue elegido MVP de la final, con unos impresionantes 18,5 puntos según el sistema de la agencia Padel Intelligence.
Pero, ¿por qué esta victoria es tan importante no solo para Juan y Leo, sino para todos?
En el torneo anterior en Egipto, Lebrón y Augsburger cayeron de forma escandalosa en primera ronda ante jugadores procedentes de la fase previa. La impotencia y la desesperación fueron, probablemente, las mejores palabras para describir lo que vimos en la pista. Entonces, muchos pensaron que la pareja había llegado a un colapso total y que su separación era inevitable. Tras unirse el otoño pasado para luchar por el trono, no habían ganado ni un solo torneo y habían decepcionado a sus aficionados con más frecuencia de la que los habían alegrado. En la rueda de prensa posterior a Bruselas, Leo confesó: «Tuve que trabajar seriamente con un psicólogo y eso dio resultados». Una transformación así no puede dejar de impresionar. De fracasados absolutos a reyes de la pista en menos de dos semanas. La pareja demostró no solo una fe enorme en sí misma, sino también la capacidad de unirse en el momento más crítico de su carrera. Es una auténtica hazaña deportiva y un ejemplo para otras parejas que, tras unos pocos partidos fallidos, empiezan a buscar nuevos compañeros. Estoy seguro de que muchos deportistas, al atravesar una mala racha, recordarán este regreso durante mucho tiempo y se motivarán con él.
No hay que olvidar que en el camino hacia la final Juan y Leo también eliminaron a la segunda pareja del mundo: Alejandro Galán y Federico Chingotto. Estamos acostumbrados a que la lucha por el liderato se dé solo entre ellos y Coello con Tapia, y ya dábamos mentalmente por hechos los 600 puntos para estos últimos, pero no fue así. La victoria de los «LeBurger» en la final mantiene la intriga también en la carrera de los favoritos. Es posible que Galán, por primera vez desde su separación de Lebrón y tras una relación completamente deteriorada, realmente deseara su victoria.
Lebrón y Augsburger se convirtieron en los primeros campeones nuevos desde agosto del año pasado. Entonces, en la final de Madrid, Leo levantó el trofeo junto a su anterior compañero, Martín Di Nenno. Lebrón, por su parte, llevaba más de un año sin ganar títulos, un año lleno de trabajo duro, altibajos y esperanzas. La racha de victorias de las dos primeras parejas del mundo por fin se ha roto: el pádel masculino vuelve a respirar con una intriga real.
Por eso hoy los aficionados de este maravilloso deporte celebran junto a Juan y Leo: una victoria redonda en todos los sentidos. Se puede festejar al menos hasta el inicio del torneo en Paraguay dentro de una semana. Con más razón aún será interesante seguir lo que ocurra allí.